Cansados muuuuy cansados, pero encantados...
En todos los viajes hay factores que no dependen de ti: mal tiempo, robos, horarios... Uno de los más importantes son los guías que contratas y los compañeros que te tocan, éstos hacen que el recuerdo que te lleves de un lugar pueda ser bonito, o puede que sea imborrable... Muchas gracias a nuestro guía Kong (Nguyen Thanh Cuong) de Vega Travel, al equipo A, y a Eduardo y María.
Otra cosa que suele ocurrir es que la falta de monotonía y que los constantes cambios de escenario deformen la realidad del tiempo y tengas la percepción de llevar mucho más tiempo en el lugar y conocer mucho más a las personas.
Ahora estamos descansado y escribo desde el balcón de la habitación del hotel, en la localidad fronteriza de Sapa a unos 1600 metros de altitud, son las siete menos cuarto de la tarde y está empezando a oscurecer.
Llegamos ayer puntuales a la estación de Lao Cai a las 5:30 desde donde una furgoneta nos trasladó al hotel de Sapa, allí nos esperaba Kong el cual nos explicó el plan y resolvió nuestras dudas.
Después de desayunar y preparar una mochila con lo básico empezamos el treking de las cuatro villas, haciendo noche en el camino.
Justo salir del hotel se nos une un grupo de chicas y mujeres de la etnia H'mong que según nos explica Kong nos "acompañaran" hasta su aldea.
Hay buen ambiente en el grupo y pronto empezamos a atravesar cultivos de arroz. La espectacularidad de las terrazas con sus cambios de tonalidad y sus formas geométricas hacen que todos nos maravillemos. El camino está bastante embarrado y los resbalones son constantes (más de alguno hemos acabado en el suelo) cosa que provoca la risa de los demás. Hace bastante calor, pero la extraordinaria vista lo compensa con creces, enormes mariposas de varios colores, libélulas azules y rojas y un sin fin de tonos verdes brillantes, contrasta con las zonas más altas, donde los abetos marcan la linea del clima de alta montaña, aún un poco más arriba una perenne nube blanca rara vez deja ver los picos, algunos de más de tres mil metros.
Seguimos avanzando y ya hace rato que hemos acabado el agua cuando hacemos el primer descanso, justo en el cauce del río donde nos detenemos hay una casa de madera donde vive una familia que aumenta sus ingresos vendiendo bebida fría a los turistas.
Las mujeres que nos siguen vestidas (disfrazadas) con sus trajes tradicionales aprovechan también para beber, algunas llevan el bebé a la espalda más la mercancía que luego nos intentarán vender. Al parecer empezó como una forma de complementar sus ingresos pero actualmente no hay turista que no lleve alguna sonriente mujer detrás suyo.
Nos ponemos en marcha (cargados de agua) y hace ya mucho calor, el camino es normalmente descendente y hay tramos donde tienes que ir mirando continuamente el suelo, nos alucina la habilidad de las mujeres que con sus chanclas de goma no tienen ningún problema.
Ríos, cascadas, innumerables canalizaciones de agua, construidas con bambú, maizales, puentes colgantes...
Pero sobre todo las terrazas...
Paramos para comer en otra casa encima de una montaña y Kong nos habla de la vida de la gente del campo, familias muy humildes, muchas analfabetas, con una tasa de natalidad muy elevada, y una economía de subsistencia donde son fundamentales los huertos y los animales propios.
A medida que avanzan las horas nuestro ritmo también va decayendo en intensidad y después de casi ocho horas, empapados en sudor, llegamos a nuestro destino.
Todos nos ponemos el bañador y nos lanzamos al río, mientras recordamos el día.
Después de casi una hora en el agua, nos sentamos a beber una cerveza y ha empezado el cachondeo que ha seguido en la cena y culminado con una botella de licor de arroz y Kong haciendo magia. Nos estamos riendo mucho pero después de dormir mal en el tren y el treking, negociamos una hora más de sueño y antes de las once caemos todos. El dormitorio es común y está en un altillo de la casa con colchones en el suelo y mosquiteras .
Por la mañana, después de desayunar salimos nuevamente por los arrozales, atravesamos aldeas llenas de niños, bueyes, patos, gallinas...y sobre la una, llegamos a nuestro destino final, donde comemos y una furgoneta nos sube de nuevo a Sapa.
Una buena ducha y nos separamos del resto: ellos regresan a Hanoi y nosotros pasamos noche aquí para ver los pueblos del norte y el mercado semanal.
Una buena ducha y nos separamos del resto: ellos regresan a Hanoi y nosotros pasamos noche aquí para ver los pueblos del norte y el mercado semanal.
Lola tiene agujetas.
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